Un día muy singular en Istambul

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Nuestra historia comienza con un protagonista. Su nombre hace eco de lo fue un legendario Imperio, el nombre de un guerrero: Mesko!…

Conocimos a este inolvidable personaje cuando pasamos por la hermosísima ciudad de Istambul. Lo contactamos vía couchsurfing.com y el sin dudar, arregló encontrarnos a la brevedad, ofreciéndonos toda su carisma y ayuda.

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En los días que estuvimos juntos, Mesko nos sorprendió llevándonos a los lugares históricos mas importantes de su ciudad. Sobre estos, les detallaremos en el futuro, pero la verdad es que Mesko fue nuestro pasaporte a esta ciudad antigua y misteriosa

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Una noche visitamos un bulevar lleno de vida. Habían músicos de calle, propios y extranjeros con melodías infinitamente nostálgicas como voces del ayer. El lugar entero brillaba en todo su esplendor, luces, tiendas, restaurantes. En las vitrinas brillaba de todo; desde confitería casera, pasando por exhibiciones de la moda actual y la moda musulmana mas chic, hasta tecnDSC03732ología de punta.

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Después de pasar el día entero caminando y descubriendo rincones interesantes. Nos detuvimos a cenar en un restaurante, que según nos contó Mesko, es un edificio restaurado con mas de 500 años de historia y con frescos antiguos y originales  que decoran sus paredes.Todo parecía místico ante mis ojos.

Esa noche Mesko nos invitó a quedarnos en la casa de sus padres que para el momento se encontraba desocupada y que estaba ubicada en el lado Oeste de Istambul. Aceptamos encantados de poder conocer el lado Oeste de la ciudad. Así pasamos la noche conversando entre risas y anécdotas de vida. Comentando sobre nuestras vidas, los lugares donde crecimos y como era el mundo hace tan solo 20 años atrás. Me llamó mucho la atención de que a pesar de venir de dos culturas ajenas y alejadas geográficamente una de la otra, todavía eramos tan semejantes.

Al día siguiente, bien temprano en la mañana, nos encontramos con Suleyman quien es el hermano mayor de Mesko y también su mejor amigo. Suleyman,  es igualmente un ser encantador que no necesitó comunicarse mucho con palabras para ofrecernos la hospitalidad y atenciones mas calurosas, propias de la gente de tierras calientes.

Nos alistamos para salir de casa sin esperarnos las aventuras que nos deparaba ese nuevo día.

Para desayunar, nos llevaron a una panadería que servía desayunos tpo americanos con un toque turco. Rico!

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Ya con la barriga llena y el corazón contento, comenzamos nuestras caminatas para conocer la ciudad y sitios históricos de interés. Eventualmente parábamos para hidratarnos o comprar alguna cervecita para el camino ;).

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Ya después de algunas horas caminando, paramos a descansar en un puerto que también estaba lleno de vida. Habían personas de todas las edades, países y religiones caminando y disfrutando del cálido sol y la vista al mar.

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De repente a Suleyman y a Mesko se les ocurrió meterse a nadar, una cosa que muy raramente sucede en este lugar ya que no es costumbre hacerlo y además esta ubicada cerca de una mezquita donde siempre hay transeúntes musulmanes a la vista. Sin embargo, ellos sabían que no había prohibición para darse un chapuzón y con este argumento, Hanaffan decidió unirse y saltar al agua.

Las caras de regocijo de las personas que caminaban por ahí me contagiaron de alegría. Nadie parecía sentirse ofendido por ver a estos hombres saltando y chapoteando en el agua. Incluso, las mujeres musulmanas conservadoramente vestidas y cubiertas se detuvieron sin problema a tomar fotos de la situación mientras reían y comentaban.

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Una foto para el recuerdo.

Ya para terminar el relato de estas memorias, me gustaría agregar que personalmente comencé este viaje con la intención principal de encontrar suficientes recursos válidos para creer en la humanidad otra vez. Para ese entonces me sentía decepcionada de ver tanta atrocidad sucediendo en este planeta y liderada por la mano del ser humano. Ya estaba empezando a creer con convicción de que tanto esfuerzo para intentar mejorar este mundo un poco no valía nada. Pero ahora, después de conocer tanta gente buena, con corazones abiertos para aceptar lo diferente, con ganas de ayudar, conocer y compartir me han devuelto la fe. Mesko y Suleyman son sólo dos de tantas personas que conocí que realmente me inspiraron a seguir creyendo en esta humanidad, ya que los buenos corazones todavía existen y están en los lugares donde menos te los esperas.

Istambul no espera… Nos volveremos a ver amigos!

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